El Piso del Cielo
Amado Nieto Caraveo
Solía discutir con mi madre acerca de la verdadera naturaleza del Piso del Cielo. Ella decía, claro, fiel a sus principios, que eran las nubes. Por mi parte le alegaba sus cualidades tan volátiles (de las nubes) e incluso amenazantes. Yo decía, y sigo diciendo, que el Piso del Cielo era la azotea a la que me envió a vivir una buena parte de mi infancia. Vamos definiendo las cosas. ¿Que es una azotea? Son las arenas movedizas del pasado. ¿Que es la infancia? Es el tiempo que pasamos bajo “la mirada inmóvil de las bestias”. Y ya que estamos usando las palabras de Antonio Gamoneda, hay un poema que me recuerda las temibles noches donde los rayos no se apiadaban de mi madre; ella se ha de haber sentido así:
Sobre mi carne pasa, grave de amor, la misma lengua que silba en mi vejez y me despierto
Envuelto en coágulos de sombra
Y se desprende de la noche
Una flor negra y húmeda de llanto.
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