Rioverde
San Luis Potosí, México

El día más feliz de mi vida (Carta a Gaby)

29 Julio 2007 - Escrito por Lucy I (Lucinda)

Rioverde, Feb. 27 de 1996

Mi hermosa Gaby:

Te extrañará que te escriba tu abuela, ¿verdad? Pues es que he estado pensando mucho en ti porque el otro día que me hiciste una pregunta, a la que seguramente deseabas una respuesta gozoza, no pude dártela en aquellos momentos, por lo que creo que te la debo más explícita o explicada.

Antes quiero agradecerte que me hayas preguntado cuál ha sido el momento más feliz de mi vida porque en estos días me ha hecho mucho bien recordarlo y para ello fue necesario repasar en la memoria, desde mi infancia hasta hoy, todos los momentos felices, para escoger el más feliz de todos, el que a ti te interesa saber.

El Pilar, Chihuahua No recuerdo haberte platicado que yo nací en una región muy apartada, lejos de la ciudad, esto es, en el campo, más concretamente en la Sierra del Estado de Chihuahua, entre cerros coronados de altos pinos y entre profundas barrancas surcadas de ríos sus respectivos arroyos afluentes. Hasta la edad de ocho años yo no conocí otro lugar más que aquel donde nací, que se llama “El Pilar” y donde había entonces aproximadamente 60 (sesenta) casas diseminadas entre las faldas de los cerros y los arroyos; no había calles. En esas casas vivían más o menos 600 o 700 personas o sea que la población no llegaba ni a mil gentes. Yo no conocía entonces, a los ocho años, a todas esas personas, ni todas las casas, solamente la mía y las que alcanzaba a ver al derredor de ella. Tenía amiguitas pero solamente en la escuela podía jugar porque mi mamá no nos dejaba salir solas, aunque yo me daba mis escapadas sin su permiso y cuando entraba a la casa me estaba esperando con un cinturón en la mano, me castigaban con azotes y me encerraban en la troja, con candado; en la troja se guardaban los granos, maíz y frijol, en cajones grandes, grandes, y yo me metía a jugar, nadando entre los granos. Al rato me sacaban y yo me volvía a salir a buscar a mi amiga Anita, y me volvían a encerrar…

Entonces yo creía que el mundo era nada más lo que yo conocía y que la tierra se acababa en las cumbres de las montañas donde salía y se ponía el sol, es decir, en el horizonte. Un día supe que había otros lugares, otros pueblos y más gente… y soñaba con conocerlos…El primer lugar que conocí diferente al que yo conocía, fue el rancho de mis abuelitos maternos; el viaje se hizo a caballo y mula y llegamos a casa de mis abuelos tres días después de que salimos de El Pilar. Este es mi primer recuerdo feliz pero no es el más.

No te he dicho que allá no había carreteras y por supuesto coches tampoco, ni siquiera carretas; todo el transporte de personas y carga se hacía por caminos reales a pie o a lomo de bestias equinas y pollinos o sea burros.

Después supe que mi papá tenía un rancho lejos, se hacía un día entero a caballo para llegar. Ese rancho se llamaba TACOCHIQUE. Todos los años mi papá se iba a ese lugar en los primeros días del año y regresaba con un gran cargamento de panocha o sea lo que acá le llaman piloncillo, porque hacía molienda de caña de azúcar que sembraba y también traía naranjas y limas, que nada de estas cosas había en El Pilar. Entonces, yo le rogaba a papá que me llevara a la molienda para conocer Tacochique, pero ¿sabes?… ¡Nunca me llevaron!… solamente a mi hermana mayor la llevaban. Yo creo que a mí no me llevaban porque era muy latosa y chilindrina (o sea callejera, vaga). Así es que todavía no conozco Tacochique.

Pero un día…

El Pilar, Chihuahua El día más feliz de mi vida llegó, mis padres me lo regalaron. Mi mamá dio el permiso y mi papá me subió en una mula y me llevó a conocer el Pueblo de MORIS y su gente. Fíjate Gaby que todavía lloro de emoción cuando lo recuerdo…

Los detalles de ese acontecimiento me es muy difícil escribirlos y describirlos, porque no encuentro palabras para expresar mis sentimientos; lo intenté en “Los Días de mi Vida” que escribí hace años (y todavía no los termino) algo así como una Autobiografía que por allí tiene tu mamá. Si te interesa conocer los detalles, léela.

Después de este mi momento más feliz he tenido muchos muchos más, porque aunque no lo creas, se puede ser feliz a pesar del sufrimiento físico o moral. Puedo asegurarte para tranquilidad tuya, porque supongo que estarás preocupada pensando si alguna vez fui feliz, puedo asegurarte niña hermosa que he vivido más días felices que momentos desdichados. Por ejemplo durante catorce años tuve dicha sin interrupción… pariendo, criando y viendo crecer a mis ocho hijos, todo con dolor y grandes privaciones, pero con MUCHO AMOR, que es lo que nos hace asomarnos a eso que llamamos felicidad y que no es tanto lo que muchos creen.

Algún día lo comprenderás.

Con respecto al Piano, efectivamente es la realización de un sueño que parecía imposible, pero el instrumento en sí me va a proporcionar momentos felices en la medida que logre yo aprender a tocarlo, de lo contrario mi sueño estará incompleto, inacabado y el instrumento pasaría a ser solamente un mueble costoso, sin función alguna.

Espero que tu preocupación haya desaparecido, si es que la tenías, o que tu curiosidad haya sido satisfecha.

Te pongo aquí mi bendición de abuela y un beso con mucho, mucho amor.

Lucinda

P.D. Contéstame.

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Pancho

7 Mayo 2005 - Escrito por Mayo

Pancho Loco así quedó, dijeron las comadres, a causa de tanto estudio. Así que no estudies tanto, me dijo el padrino, porque te vas a volver loco. Y Pancho era la prueba. De esa manera quedó resuelta mi vida. Ahora les cuento cómo fue la historia. Primero viene el título: le puse “Pancho” a secas por dos motivos. El primero porque no es correcto el uso peyorativo de la palabra loco. La palabra solo se autoriza para título de comiquísimos programas de televisión. En segundo porque así el lector se plantea un interrogante. ¿De qué se trata esto? ¿De Pancho Villa o de Pancho Pantera? La historia comienza frente al Cine Hidalgo de la ciudad de Rioverde, un lugar comiquísimo para los foráneos, pero enloquecedor para los locales. Esto debido, bien se sabe, a los efectos enervantes de la flor de azahar, y no a que haya mucho estudio, como dijeran las comadres. Ese día frente al Cine Hidalgo Pancho Mugriento se acercó, aunque bien podría haber sido al revés: que frente al Cine Mugriento Pancho Hidalgo se acercara. En cualquiera de las opciones me espantó. No todos los días una persona que ha estudiado tanto para nada, se acerca a un niño de diez años que apenas se sabe las tablas. Me quedo paralizado y sin poder correr. Read the rest of this entry »

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Lucinda y la Educación

9 Abril 2005 - Escrito por Lucy II

Lucinda y La Educación.
Más de 50 años para transitar de la primaria a la preparatoria

Noviembre de 1998

Sólo 50 Años

A los 13 años de edad Lucinda obtuvo el permiso de su mamá para convertirse en maestra de la pequeña escuela primaria de su pueblo, allá en plena sierra de Chihuahua, muy cerca de donde viven los Tarahumaras. A cambio se comprometió a no descuidar sus quehaceres, que incluían subir agua del río a la casa y dejar hechas las tortillas, todo antes de las 6 de la mañana. En la actualidad, orgullosa portadora de su credencial del INSEN, Lucinda ansía terminar la preparatoria con todo y las dificultades de no contar en la ciudad donde vive con buenos servicios de asesoría para la preparatoria abierta. Por lo pronto ha aprobado un buen número de materias, entre las que se encuentran las más difíciles para ella: inglés y matemáticas.

A lo largo de este camino Lucinda siempre ha sido educadora y educanda. No sé hasta qué punto se percata de ello, pero su proyecto social siempre ha sido el de transformar este mundo y el de construir un México mejor. Sin importar si otros la consideraban excesivamente joven o muy vieja, y a pesar de los obstáculos que encontró, Lucinda emprendió varios proyectos educativos con una impresionante dosis de energía, inteligencia, optimismo y espíritu crítico, cuatro elementos imprescindibles para quienes se dedican a la educación. Y es desde esa perspectiva que quiero mostrarle a Lucinda mi admiración. Pero además quiero hacer un reconocimiento, aunque demasiado breve, a la fortaleza de una mujer que sabe combinar maravillosamente su compromiso con su Dios, con su país, con su tierra y con su familia. Read the rest of this entry »

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Morir en Paz

1 Abril 2005 - Escrito por Mayo

Quiero morir vivo,
Solo y contigo.
En un atardecer
Azul.

Entre cuatro paredes
Aire alrededor
Y un termómetro
Falso.

Pensando en mi madre,
Bien abrigado.
Con todos los huesos
Puestos.

Y aunque no es posible:
Retener como regalo
El suspiro final.

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La Azotea (Parte III)

1 Abril 2005 - Escrito por Lucy I (Lucinda)

Pero dejando a un lado los informes que no tienen caso, me concretaré al que tu hermano me dio desde la azotea el cual si puedo debatir aunque él no esté presente. Mis argumentos se basan en que hacía poco tiempo que un fulano guevón pasó pidiendo trabajo y lo ocupé para que cortara las 15 palmas secas que tenía la palmera del jardín, y que yo no podía cortar porque ella estaba cada vez más alta y yo… más chaparra y miedosa. Pues como al que ve caballo ensillado y se le ofrece viaje, quise aprovechar al caballo (digo al fulano) para que me sacara de otras urgencias domésticas. En aquella hora y circunstancia sólo podía pedirle que se subiera y me dijera cómo y en qué condiciones estaba allá arriba. Después de pasearse un rato por todas (las) partes de arriba me comunicó que estaba tapado un canal y que para destaparlo usaría una varilla que sacó de no sé dónde… al cabo de un rato que le oí forcejear me salió conque no había podido porque la varilla era curva; yo me quedé pensando que el fulano además de guevón es pendejo ¿A quién se le ocurre intentar algo con lo que no se puede?
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La Azotea (Parte II)

28 Marzo 2005 - Escrito por Lucy I (Lucinda)

Entonces, ¿cómo crees que imagino la azotea de esta casa?…

Tengo la sospecha de que a la casa, como a mí, no le funciona bien la azotea porque a ambas nos suceden cosas raras al mismo tiempo en ocasiones especiales… Por ejemplo cuando llueve a mí se me agudiza la curiosidad y a la casa le da por hacer sus necesidades donde no debe; la semana pasada lloró sobre mi valioso tocador antiguo, se orinó en el closet, manchando y apestando a fuchi mi ropa de colgar, y sudó grueso en sus “costados”. Afortunadamente no lloró ni lo demás sobre el piano porque a estas horas también serías huérfano de madre.
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La Azotea (parte I)

22 Marzo 2005 - Escrito por Lucy I (Lucinda)

Rioverde, San Luis Potosí, México. Septiembre de 1996 (lunes 2- viernes 6)

Querido hijo mío:

Lucinda Caraveo Dios quiera que te encuentres bien. I’m hecha un garabato, de pavor porque está lloviendo rayos sin agua y ya sabes que esos fenómenos son mi “coco mayor”.

Para no llorar me puse a escribirte después de encender una vela junto a la Fátima, única imagen que tengo de la Virgen Santísima porque la de la abogada de las causas difíciles y desesperadas se gastó de tanto concederme favores. Aunque sé que de todas maneras, cuando deje de tronar y yo termine esta carta y apague la vela voy a seguir llorando mis otros miedos al Todopoderoso .

Y para no platicarte las mismas cosas que suceden en esta parte de nuestro México que a pesar de todo es Lindo y Querido, mejor te contaré a lo que me obligan mis chifladuras y mi afán de supervivencia.
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