El día más feliz de mi vida (Carta a Gaby)
Rioverde, Feb. 27 de 1996
Mi hermosa Gaby:
Te extrañará que te escriba tu abuela, ¿verdad? Pues es que he estado pensando mucho en ti porque el otro día que me hiciste una pregunta, a la que seguramente deseabas una respuesta gozoza, no pude dártela en aquellos momentos, por lo que creo que te la debo más explícita o explicada.
Antes quiero agradecerte que me hayas preguntado cuál ha sido el momento más feliz de mi vida porque en estos días me ha hecho mucho bien recordarlo y para ello fue necesario repasar en la memoria, desde mi infancia hasta hoy, todos los momentos felices, para escoger el más feliz de todos, el que a ti te interesa saber.
No recuerdo haberte platicado que yo nací en una región muy apartada, lejos de la ciudad, esto es, en el campo, más concretamente en la Sierra del Estado de Chihuahua, entre cerros coronados de altos pinos y entre profundas barrancas surcadas de ríos sus respectivos arroyos afluentes. Hasta la edad de ocho años yo no conocí otro lugar más que aquel donde nací, que se llama “El Pilar” y donde había entonces aproximadamente 60 (sesenta) casas diseminadas entre las faldas de los cerros y los arroyos; no había calles. En esas casas vivían más o menos 600 o 700 personas o sea que la población no llegaba ni a mil gentes. Yo no conocía entonces, a los ocho años, a todas esas personas, ni todas las casas, solamente la mía y las que alcanzaba a ver al derredor de ella. Tenía amiguitas pero solamente en la escuela podía jugar porque mi mamá no nos dejaba salir solas, aunque yo me daba mis escapadas sin su permiso y cuando entraba a la casa me estaba esperando con un cinturón en la mano, me castigaban con azotes y me encerraban en la troja, con candado; en la troja se guardaban los granos, maíz y frijol, en cajones grandes, grandes, y yo me metía a jugar, nadando entre los granos. Al rato me sacaban y yo me volvía a salir a buscar a mi amiga Anita, y me volvían a encerrar…
Entonces yo creía que el mundo era nada más lo que yo conocía y que la tierra se acababa en las cumbres de las montañas donde salía y se ponía el sol, es decir, en el horizonte. Un día supe que había otros lugares, otros pueblos y más gente… y soñaba con conocerlos…El primer lugar que conocí diferente al que yo conocía, fue el rancho de mis abuelitos maternos; el viaje se hizo a caballo y mula y llegamos a casa de mis abuelos tres días después de que salimos de El Pilar. Este es mi primer recuerdo feliz pero no es el más.
No te he dicho que allá no había carreteras y por supuesto coches tampoco, ni siquiera carretas; todo el transporte de personas y carga se hacía por caminos reales a pie o a lomo de bestias equinas y pollinos o sea burros.
Después supe que mi papá tenía un rancho lejos, se hacía un día entero a caballo para llegar. Ese rancho se llamaba TACOCHIQUE. Todos los años mi papá se iba a ese lugar en los primeros días del año y regresaba con un gran cargamento de panocha o sea lo que acá le llaman piloncillo, porque hacía molienda de caña de azúcar que sembraba y también traía naranjas y limas, que nada de estas cosas había en El Pilar. Entonces, yo le rogaba a papá que me llevara a la molienda para conocer Tacochique, pero ¿sabes?… ¡Nunca me llevaron!… solamente a mi hermana mayor la llevaban. Yo creo que a mí no me llevaban porque era muy latosa y chilindrina (o sea callejera, vaga). Así es que todavía no conozco Tacochique.
Pero un día…
El día más feliz de mi vida llegó, mis padres me lo regalaron. Mi mamá dio el permiso y mi papá me subió en una mula y me llevó a conocer el Pueblo de MORIS y su gente. Fíjate Gaby que todavía lloro de emoción cuando lo recuerdo…
Los detalles de ese acontecimiento me es muy difícil escribirlos y describirlos, porque no encuentro palabras para expresar mis sentimientos; lo intenté en “Los Días de mi Vida” que escribí hace años (y todavía no los termino) algo así como una Autobiografía que por allí tiene tu mamá. Si te interesa conocer los detalles, léela.
Después de este mi momento más feliz he tenido muchos muchos más, porque aunque no lo creas, se puede ser feliz a pesar del sufrimiento físico o moral. Puedo asegurarte para tranquilidad tuya, porque supongo que estarás preocupada pensando si alguna vez fui feliz, puedo asegurarte niña hermosa que he vivido más días felices que momentos desdichados. Por ejemplo durante catorce años tuve dicha sin interrupción… pariendo, criando y viendo crecer a mis ocho hijos, todo con dolor y grandes privaciones, pero con MUCHO AMOR, que es lo que nos hace asomarnos a eso que llamamos felicidad y que no es tanto lo que muchos creen.
Algún día lo comprenderás.
Con respecto al Piano, efectivamente es la realización de un sueño que parecía imposible, pero el instrumento en sí me va a proporcionar momentos felices en la medida que logre yo aprender a tocarlo, de lo contrario mi sueño estará incompleto, inacabado y el instrumento pasaría a ser solamente un mueble costoso, sin función alguna.
Espero que tu preocupación haya desaparecido, si es que la tenías, o que tu curiosidad haya sido satisfecha.
Te pongo aquí mi bendición de abuela y un beso con mucho, mucho amor.
Lucinda
P.D. Contéstame.
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Dios quiera que te encuentres bien. I’m hecha un garabato, de pavor porque está lloviendo rayos sin agua y ya sabes que esos fenómenos son mi “coco mayor”.